El cuerpo suele ser el "Gran Olvidado". Esta situación la compruebo en la consulta a la cual llegan las personas con una disociación profunda entre sus emociones, sus pensamientos y sus cuerpos. Son numerosas las ocasiones en que los pacientes, al detenerse a sentir su cuerpo, su respiración y las sensaciones que les habitan, descubren que, por ejemplo, lo que pensaban que era un sostén apretando la boca del estómago era en realidad una tristeza estancada, que al ser liberada generó un estado de bienestar y alegría. Nada tenía que ver con el sostén, sino con la propia presión que generamos para no dejar fluir nuestras emociones y sensaciones. Ésto se hace básicamente con el cuerpo. Cuando reprimimos emociones o sensaciones principalmente dejamos de sentirnos.
El cuerpo es desechado cuando, en lugar de ser motivo de orgullo y placer, se convierte en fuente de dolor y humillación. Cuando se dan estas condiciones, la persona se niega a aceptar su cuerpo e identificarse con él. Se vuelve contra él. A lo mejor lo desatiende o intenta transformarlo en un objeto más deseable, haciendo dieta, levantando pesas, etcétera. Sin embargo, en tanto el cuerpo siga siendo un objeto del ego, quizás satisfaga el orgullo del ego pero nunca brindará la satisfacción y la alegría que ofrece el cuerpo vivo.
El cuerpo vivo es tal puesto que tiene vida propia. Hay en él una motilidad independiente del control del ego, que se manifiesta mediante la espontaneidad de sus gestos y la vivencia.
Estar arraigado en la realidad significa, ante todo, estar arraigado en nuestro cuerpo. Es la realidad por excelencia. Estar plantado en esta realidad interna es algo vital, ya que nos proporciona una gran seguridad: la seguridad en Sí Mismo. Es Tener los Pies en la Tierra. Un individuo que está arraigado en la realidad no actúa en base a ilusiones; no las necesita. Y a la inversa, la persona que se aferra a sus ilusiones, las necesite o no, se mantiene en las nubes, sin llegar a arraigarse. Y llegado a este punto se abre la puerta a la sexualidad, que sin duda sólo se despliega en el cuerpo.
Nuestra conducta sexual es una profunda expresión de quienes somos. A veces nos escondemos del sexo y otras en el sexo. Utilizamos el sexo como medida de control, como forma de expresar la rabia, como una manera de encubrir traumas infantiles, para manejar el estrés o confundiendo excitación sexual con un sentimiento profundo de angustia.
En muchas ocasiones el contacto sexual tiene que ver con el intento de manejar el dolor emocional. Es el caso de la adicción a las relaciones, pues con mucha frecuencia se vive la sexualidad aún sin quererlo, tal vez por manejar la situación , por conservar la relación o en un intento por mantener más en secreto su trauma.
La sexualidad no es simple. Es un proceso integral del ser humano condicionado por la cultura, la familia, la sociedad,la religión y, muy particularmente, por todas las experiencias que vivimos en la infancia.
Las experiencias del pasado, especialmente las que han sido vividas como traumáticas, pueden influir en la manera en la cual vivimos y expresamos la sexualidad. Desde abusos hasta los mensajes recibidos de prohibición en la exploración de la propia sexualidad pueden dañar el vínculo que tengamos con nuestra propia sexualidad, que se extenderá a la relación que tengamos con todo lo que concierne al deseo, no sólo sexual.
A medida que vamos tomando contacto con el cuerpo se van desarrollando sensaciones en el vientre, tocando el suelo pélvico. Estas sensaciones, que al principio pueden ser de profunda tristeza, de asco o de ardor, se irán transformando en sensaciones sexuales que para la mayoría de los seres humanos son una importante fuente de ansiedad.
Para entender esa ansiedad tenemos que distinguir entre sensaciones sexuales y sensaciones genitales. Las sensaciones genitales son parte de las sexuales, pero no al contrario. La sexualidad es una función de todo el cuerpo, inclusive el aparato genital. La genitalidad, por otra parte, es una aspecto limitado de la respuesta sexual total. En muchos individuos la función genital está separada y disociada de la sensaciones del cuerpo al igual que, en el otro extremo del organismo , el ego está también disociado de esos mismos sentimientos. La ansiedad sexual atañe a las sensaciones del cuerpo, no a las sensaciones genitales. Estas sensaciones pueden generar miedo, mientras que las sensaciones puramente genitales no suponen ninguna amenaza para la personalidad.
Podemos preguntarnos, ¿cuáles son estas sensaciones sexuales? Son las profundas sensaciones de fluir y deshacerse dentro del cuerpo que, tanto en el hombre como en la mujer, preceden a la excitación genital. Cuando ocurren, indican que el deseo sexual está fluyendo a través del cuerpo y no sólo por la cabeza y los órganos genitales. ¿Por qué estas sensaciones son aterradoras? Porque son el principio de una disolución que culminará en el éxtasis de un orgasmo total, y la personalidad neurótica las experimenta como una disolución del yo, una entrega sobre la que no tiene control. Todos buscan esta disolución, esta entrega, este dejarse ir, pero muy pocos tienen la fe que permite que ésto suceda.
Se nos ha elogiado el control de nuestra naturaleza. Se nos ha enseñado que está mal dejar a la naturaleza a su aire y que tenemos que controlarnos siempre. El resultado es que ahora no podemos relajar el suelo pélvico, como si tuviéramos miedo a desfondarnos.
Al enraizarnos en las sensaciones del cuerpo , en la sexualidad animal y en la tierra, se devuelve al hombre al reino de la naturaleza. Se devuelve la confianza básica, la confianza de que fue creado para este mundo y que el mundo fue hecho para él.
Bibliografía
"La depresión y el cuerpo". A Lowen. Ed. Alianza.
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2 comentarios:
Gracias Yami, de nuevo me encuentro con tus palabras cuando las necesito. Genial, tras un fin de semana lleno de delicados y extraordinarios momentos! Un bikiño.
Genial Yami muy acertado gracias por recordar lo olvidado que tenemos al cuerpo, ya es un primer paso.
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