encuentro en transparencia

Dejarse ver siendo transparente; entregarse y rendirse a la honestidad de lo que somos y sentimos; mostrar miedo, fracaso, tristeza, soledad, necesidad, deseo; mostrar el valor propio y el sitio donde se siente que no se vale; mostrar la derrota personal;en fin, abrir el pecho y mostrar el alma, como cantaba Mercedes Sosa, es la puerta a un Encuentro con uno y luego con el Otro, principalmente con ese Otro que amamos. Hasta que no se muestra la derrota personal sólo se enmascara el alma y el corazón y desde esa falsedad no hay Encuentro posible.

Uno de los cuentos que más me gusta de Mario Benedetti es " El sexo de los ángeles".No es sencillo expresar qué es lo que siento al leerlo, quizás sea la certeza, y mi emoción ante ella, de la existencia del "Encuentro" entre Dos que se transforman en UNO.

El sexo de los ángeles

Una de las más lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor quizá signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.

Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos (por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras; vale con decir las adecuadas.

Así, cada vez que Angel y Angela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.

Y si Angel, para abrir el fuego, dice: "Semilla", Angela, para atizarlo, responde: "Surco". El dice: "Alud" y ella, tiernamente: "Abismo".

Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.

Angel dice: "Madero". Y Angela: "Caverna".

Aletean por ahí un Angel de la Guarda, misógino y silente, y un Angel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.

El dice: "Manantial". Y ella: "Cuenca".

Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.

Angel dice: "Estoque", y Angela, radiante: "Herida". El dice: "Tañido", y ella: "Rebato".

Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.

Mario Benedetti.
(Imagen "Aire" de Tótila Albert)